Carta en dos ruedas
Querido Chuíto (dícese y entiéndase Jesús). Con vergüenza sin motivos me dirijo a tí para pedirte un empujoncito. Te explico en detalles.
Nunca nadie me preguntó qué quiero ser cuando grande, ahora te respondo.
Debo confesar que al principio no sabía qué responder, pero al salir a la calle, entre el bululú, el olor a aceite, la música a todo volumen, el humo vehicular, los cuerpos confundiéndose y golpeándose entre sí como átomos sin rumbo, vi mi destino haciendo una acrobacia para llamar mi atención y definir mi futuro.
¡Un motorizado! ¡Eso! ¡Quiero ser un motorizado! Quiero hacer lo qué él: andar en una rueda por una calle de Sabana Grande como si interpretara al Llanero Solitario en su caballo puesto galantemente en sus patas traseras, quiero ser más rápido que los demás, quiero alborotar mi adrenalina al burlar la ley, ignorar un semáforo, amenazar de muerte a una viejita al rozarla velozmente, sin que se dé cuenta. En dos ruedas la vida es más sabrosa.
Con esta moto voy a conseguirme tremenda jeva con la que me pueda ir a la playa; me quiero escapar con ella a través de los fiscales atravesados, las alcabalas fastidiosas, los semáforos metiches que impidan nuestro viaje romántico. Vendrán chamos, eso es seguro pero no importa: podemos ir todos a pasar el fin de semana en Playa Parguito o subir a la Colonia Tovar.
Seré un innovador en lo que respecta a la economía en dos ruedas: les daré una tremenda alternativa a los flojos que se despierten tardísimo y que les sobre alguna platica para darse el lujo de ser mi co-piloto para llevarlos hasta a su trabajo en un dos por tres. Y bueno, si a algún loco con real se le ocurre pagarme para que meta miedo por ahí, colado en alguno de los bandos que se pelean el país; le echo el pecho porque con mi moto no me importa nada.
Mi mamá decía, en otras palabras, que tengo un don para adelantarme a las grandes oportunidades que me permitan crecen. Y creo que la pegó en esta ocasión. Son pocas las personas que vayan a adentrarse a este mundo de las motos, estoy seguro que si lo hago ahora sorprenderé a más de uno que no pensó en tan brillante idea. Y posiblemente me imiten, pero me encargaré de dejar bien claro que fuí uno de los primeros.
Y también... ¿Ya? ¿Suficiente? ¡Basta! Ya vale, creo que ya terminé lo que me pidió la psico-terapista. Y si no terminó, lo dejamos aquí. Estoy harto. Dijo que y que para enfrentar mis iras debía ponerme en el lugar de aquellos a quienes podría odiar... y escribir su sentir. ¡Pero ya está bueno! ¿Y es que a nadie le interesa como me siento YO??? ¿O lo que me provoca hacerle a todos esos motorizados de M...???
...
Oye, créeme, hice mis mayores esfuerzos, conté hasta diez, practiqué la compasión, me acordé hasta de Buda y mi mamá... Pero no sirvió. Sinceramente siento que gané más rabia y perdí toda la plata que invertí en la guevona esa, que debe estar gozando una bola montada en una moto para llegar rápido a su consultorio.
...
Querido Chuíto... Me siento como un negro vistiendo del Ku Kux Klan...
Nunca nadie me preguntó qué quiero ser cuando grande, ahora te respondo.
Debo confesar que al principio no sabía qué responder, pero al salir a la calle, entre el bululú, el olor a aceite, la música a todo volumen, el humo vehicular, los cuerpos confundiéndose y golpeándose entre sí como átomos sin rumbo, vi mi destino haciendo una acrobacia para llamar mi atención y definir mi futuro.
¡Un motorizado! ¡Eso! ¡Quiero ser un motorizado! Quiero hacer lo qué él: andar en una rueda por una calle de Sabana Grande como si interpretara al Llanero Solitario en su caballo puesto galantemente en sus patas traseras, quiero ser más rápido que los demás, quiero alborotar mi adrenalina al burlar la ley, ignorar un semáforo, amenazar de muerte a una viejita al rozarla velozmente, sin que se dé cuenta. En dos ruedas la vida es más sabrosa.
Con esta moto voy a conseguirme tremenda jeva con la que me pueda ir a la playa; me quiero escapar con ella a través de los fiscales atravesados, las alcabalas fastidiosas, los semáforos metiches que impidan nuestro viaje romántico. Vendrán chamos, eso es seguro pero no importa: podemos ir todos a pasar el fin de semana en Playa Parguito o subir a la Colonia Tovar.
Seré un innovador en lo que respecta a la economía en dos ruedas: les daré una tremenda alternativa a los flojos que se despierten tardísimo y que les sobre alguna platica para darse el lujo de ser mi co-piloto para llevarlos hasta a su trabajo en un dos por tres. Y bueno, si a algún loco con real se le ocurre pagarme para que meta miedo por ahí, colado en alguno de los bandos que se pelean el país; le echo el pecho porque con mi moto no me importa nada.
Mi mamá decía, en otras palabras, que tengo un don para adelantarme a las grandes oportunidades que me permitan crecen. Y creo que la pegó en esta ocasión. Son pocas las personas que vayan a adentrarse a este mundo de las motos, estoy seguro que si lo hago ahora sorprenderé a más de uno que no pensó en tan brillante idea. Y posiblemente me imiten, pero me encargaré de dejar bien claro que fuí uno de los primeros.
Y también... ¿Ya? ¿Suficiente? ¡Basta! Ya vale, creo que ya terminé lo que me pidió la psico-terapista. Y si no terminó, lo dejamos aquí. Estoy harto. Dijo que y que para enfrentar mis iras debía ponerme en el lugar de aquellos a quienes podría odiar... y escribir su sentir. ¡Pero ya está bueno! ¿Y es que a nadie le interesa como me siento YO??? ¿O lo que me provoca hacerle a todos esos motorizados de M...???
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Oye, créeme, hice mis mayores esfuerzos, conté hasta diez, practiqué la compasión, me acordé hasta de Buda y mi mamá... Pero no sirvió. Sinceramente siento que gané más rabia y perdí toda la plata que invertí en la guevona esa, que debe estar gozando una bola montada en una moto para llegar rápido a su consultorio.
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Querido Chuíto... Me siento como un negro vistiendo del Ku Kux Klan...
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